jueves, 22 de septiembre de 2011

22-09-2011 Cuento corto.

Voy a la caja a pagar el estacionamiento número 55, espero un rato y me atiende una señorita de lo más amble. En vez del auto me espera aparcada una mochila que decidí cargar en la espalda en vez de dejarla intrusa entre autos en silencio.  Serian once pesos – dice, mientras busco en mi billetera y pago con 100. El vuelto viene en forma de billetes uruguayos junto con una pequeña delgada calculadora con un número que no recuerdo y un teléfono que calzaba justo en la boca como si fueran aparatos de ortodoncia removibles. Entretenido por la efímera, circunstancial  compañía y distraído devolviendo la calculadora y probándome el teléfono, no advierto que el siguiente en la fila para pagar es un amigo mío de la infancia robándome 50 centavos que todavía descansaban en el mostrador esperando ser guardados. Me encuentro con mi mochila un rato después de buscarla, ya no estaba donde la había dejado sino sobre un estante, en una especie de baulera. El tiempo vuela, hace una hora debería haber estado una rampa más arriba en busca de mi viejo que me espera.

1 comentario:

  1. Lindo tu trabajo y escritos. Muchos saludos desde chile.
    Susana

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